
FARÖ
Espectáculo con actores, títeres y sombras sobre un farero solitario, con música de Debussy y Britten, para público desde 4 años.
Dramaturgia y dirección: Joaquín Casanova y Elisa Ramos
Música: Claude Debussy, Benjamin Britten y José López Montes
Intérpretes: Elisa Ramos, Ángela Cáceres y Noé Lifona
Intérprete músico pianista (versión piano): José López-Montes
Escenificado con actores, títeres, sombras, máscaras, objetos y proyecciones
Público preferente: a partir de 4 años
En una pequeña isla, en mitad del océano, se alza un faro. Allí vive Conta, un farero solitario que dedica su vida a cuidar una luz muy especial: la Perla del océano, una esfera luminosa capaz de guiar a los barcos en la oscuridad.
A su alrededor aparecen Lapa, una foca curiosa y afectuosa; Pinza, un cangrejo inquieto que busca desesperadamente una casa mejor; y, desde las profundidades, el canto lejano de una ballena que responde al sonido de una caracola encontrada por azar. Poco a poco, ese mundo exterior va rompiendo el aislamiento de Conta.
Un día, una bandada de pájaros cruza el cielo. Uno de ellos cae herido: es Piti, un pequeño pájaro incapaz de volar. Conta no sabe cuidar de otro ser. Lo hace desde el control, no desde el afecto: lo cura, lo protege… y lo encierra. La convivencia se vuelve tensa.
Durante la noche, atraído por la luz del faro, Piti sube hasta lo más alto. En un gesto torpe e inocente, provoca la caída de la luz al mar. El mundo queda a oscuras. Se desata la tormenta. Los barcos pierden el rumbo.
Conta, enfrentado a la pérdida de aquello que más protegía, debe tomar una decisión: bajar al fondo del mar para recuperar la luz.
En su descenso descubre que la luz ha sido tragada por la ballena. En el interior, Conta comprende algo esencial: la luz, como él mismo, no puede vivir aislada. La Perla ya no puede volver a ser lo que era.
Expulsado por la ballena y rescatado por Lapa, Conta despierta transformado. Ahora es él quien debe convertirse en faro. Para salvar a Piti —perdido en el mar— desancla la isla y la transforma en un barco simbólico. Por primera vez, Conta se mueve hacia el otro.
El rescate es colectivo. El cuidado, compartido.
Al final, Conta deja marchar a Piti con la bandada. Regala su gorra a Pinza para que tenga un hogar. Y cuando regresa al faro, algo ha cambiado: la luz ya no está en la torre, está en su pecho.
El faro vuelve a brillar.












