
Ghost. Aokizy
Exposición de Aokizy que explora pandemias virtuales y monitores CRT verdes mediante arte posdigital
El 13 de septiembre de 2005 tuvo lugar una pandemia que afectó a todo un mundo virtual. En el marco del videojuego World of Warcraft, el jefe Hakkar adquirió un hechizo con-tagioso llamado Sangre Corrupta que, aunque nunca debió salir de la mazmorra Zul’Gurub, se expandió sin precedentes por todo el juego.
Un error de software hacía que, aunque los jugadores se libraran de la enfermedad, sus mascotas sí que se contagiaran, provocando así que la Sangre Corrupta se expandiera por el mundo entero. Este fallo de programación desencadenó una pandemia virtual que más tarde ayudaría a epidemiólogos a estudiar casos como de la COVID-19. El incidente de la Sangre Corrupta conectó, sin quererlo ni esperarlo, el mundo digital con el terrenal de una forma tan humana como terrorífica.
Los fantasmas virtuales traspasaron la pantalla para hablarnos de quiénes somos y de lo que podemos esperar de nuestro comportamiento a través de los píxeles. Toda esta historia de vida y muerte sucedió a su vez sobre una pantalla verde. Millones de jugadores vieron caer su mundo sobre el manto de los monitores CRT monocromáticos verdes, que sobre su luz crean historias y personajes que se posan sobre el color que mejor procesa el ojo humano, que no es otro que el verde.
El mismo verde que vio nacer los primeros portales web y que vivió una pandemia virtual sin precedentes es el que sirve como soporte base al artista Aokizy (Seúl, 1988) quien encuentra en las pantallas un espacio en el que desarrollar su obra. En esta muestra, Ghost, el artista, bucea en el arte posdigital en la era de internet empleando su ordenador y apoyándose en los monitores CRT monocromáticos. Empleando el verde y la pantalla, compone su historia sobre los píxeles que se van llenando poco a poco de color y que van creando nuevas caras y narrativas.
En el universo digital de Aokizy existe un idioma que logra traducir las imágenes a sistemas de señales muy concretos. Llega a los monitores inspirado por la película coreana The Maggie, que aborda temas de fe y duda y que muestra una imagen que le hace reflexionar sobre las caras que representa: la de una mano sosteniendo una cruz en la pantalla de un monitor CRT. Una combinación entre lo sagrado y la imagen monocromática que hace que comprenda que los monitores, lejos de mostrar una tecnología obsoleta, son “dispositivos que transforman el significado e identidad de las imágenes”.
Al igual que los videojuegos moldean el verde para crear personajes que viven en la pantalla y corren y mueren mientras completan misiones, el artista encuentra en la tecnología un espacio en el que se moldea la interpretación del ser humano. Sus personajes, que recuerdan a los webtoons coreanos, llegan al espectador, nunca sin antes pagar su peaje por el verde. Las imágenes, las historias, las caras y su mundo entero existen sobre un solo tono, que ahora se camufla entre las paredes blancas de la galería. Los personajes que habitan su obra se reconstruyen y consumen constant
